miércoles, 17 de abril de 2019

¿Qué es una Auditoría Energética?

Las tendientes mejoras de la eficiencia y del ahorro disponen de  medidas y herramientas técnicas, económicas y quizá administrativas, pero un factor muy importante a tener en cuenta es la Auditoría Energética, una excelente herramienta para conseguir los objetivos de ahorro y eficiencia que se puedan marcar.
Una auditoria energética consiste en el análisis del sistema productivo o de alguno de los equipos o procesos de éste, mediante el cual se evalúa energéticamente alguno de los siguientes aspectos: el funcionamiento, los intercambios de calor o el aprovechamiento energético entre los diferentes fluidos térmicos, el rendimiento, las posibles mejoras a realizar incluyendo tanto aspectos energéticos como económicos, inversiones a realizar, periodo de retorno de las mismas, beneficios económicos y medioambientales, beneficios en la obtención del producto.

Los Principales Objetivos de la Auditoría Energética son:
  • Analizar las demandas energéticas en los equipos y procesos del centro de producción.
  • Evaluar el funcionamiento de los equipos, rendimientos, horas de trabajo, etc…
  • Establecer los costos de las distintas formas de energía utilizadas.
  • Analizar las distintas oportunidades de ahorro energético.
  • Establecer prioridades para decidir qué actuación realizar y cómo afecta otras actuaciones.
  • Analizar las posibilidades reales de implementación de las mejoras y la fiabilidad de los valores de ahorro esperado.

Se pretende, por lo tanto, caracterizar a la perfección cuál es la situación actual de los consumos energéticos y analizar cómo estos se pueden ver reducidos con las diferentes actuaciones que se planteen.
La Auditoría Energética es, por tanto, un proceso sistemático mediante el que:
  • Se obtiene un conocimiento, lo más confiable posible, del consumo energético de una instalación.
  • Se detectan los factores, ya sean económicos o funcionales, que afectan al consumo de energía.
  • Se identifican, evalúan y ordenan las distintas oportunidades de ahorro de energía, en función de su rentabilidad.
  • Se elabora un informe detallado en el que se exponen de manera ordenada los análisis, las evaluaciones y las recomendaciones sobre las acciones a realizar, justificadas y priorizadas, que se concluyan.


Campos de aplicación.
Para relacionar los campos de aplicación de las Auditorías Energéticas se ha tomado por  sectores:

Sector Industria
Este campo de aplicación se puede contemplar bajo dos puntos de vista: el primero es el estudio global del sector Industria Manufacturera y, el segundo, el estudio pormenorizado de las Agrupaciones de Actividad que lo componen, como por ejemplo:
  • Alimentación, bebidas y tabaco.
  • Textil, cuero y calzado.
  • Madera, corcho y muebles.
  • Pasta, papel e impresión.
  • Química.
  • Minerales no metálicos.
  • Equipo de transporte.
  • Metalurgia y productos metálicos.
  • Maquinaria y equipo mecánico.
  • Equipo eléctrico, electrónico y óptico.

La diversidad de las Agrupaciones de Actividad conlleva un comportamiento muy distinto en el consumo de energía: algunas son intensivas en el consumo energético, con un importante peso en el costo energético, en sus costos de producción, y otras donde el peso del costo energético en la producción tiene mucha menos importancia.
En consecuencia, las Auditorías Energéticas abordan tanto la mejora de las instalaciones existentes, como de realización de inversiones en equipos que tengan optimizados sus rendimientos energéticos, en las  Agrupaciones de Actividad intensivas en el consumo de energía, frente al resto, donde se focalizan en cambios de su sistema productivo.
Los objetivos de las Auditorías Energéticas para este sector son:
  • Determinar el potencial de ahorro de energía en las empresas donde se realicen.
  • Facilitar la toma de decisión de Inversión en Ahorro de Energía.
  • Determinar el benchmarking de los procesos productivos auditados.

El benchmarking es un estudio comparativo que se desarrolla para conocer el estado en las empresas del mismo sector, y comparar sistemáticamente sus características de consumo. Esta información permite tomar decisiones sobre reformas o nuevas inversiones sin tener que reinventar desde cero, con la consiguiente reducción de costos y tiempo. Es un proceso lento de participación proactiva de los agentes involucrados.
Para que sea efectivo debe incluir:
  • Variables energéticas a comparar, su importancia relativa y las condiciones de comparación.
  • Puntos de similitud entre las empresas.
  • Clasificación y agrupación de los elementos evaluados por características y valores.
  • Proyectos innovadores, ventajas competitivas, deficiencias y áreas de oportunidad.

Sector Transporte
El transporte se presenta como el primer sector consumidor. Además, prácticamente, el 100% de los combustibles para el transporte tienen su origen en los derivados del petróleo. Comprende:
  • Transporte por calle, ya sea individual, colectivo y de comercialización.
  • Transporte ferroviario de personas y de comercialización.
  • Transporte marítimo.
  • Transporte aéreo.

El sector del transporte por ruta sigue manteniendo una clara preponderancia sobre el resto.
No se puede olvidar que, en este sector, también se incluye la gestión de las infraestructuras dedicadas al transporte y de las flotas de vehículos.
Plantea como áreas preferentes de actuación en este sector las siguientes:
  • La movilidad urbana y el transporte para empresas.
  • Incrementar la participación de los medios colectivos en el transporte por ruta, del ferrocarril y del marítimo.
  • La gestión de las infraestructuras de transporte, de las flotas de transporte por ruta y de las flotas de aeronaves.
  • La conducción eficiente del vehículo privado, de camiones y colectivos y en el sector aéreo.

Sector Edificación
El Sector Edificación comprende los servicios que tienen un mayor peso sobre el consumo energético de los edificios: las instalaciones térmicas (calefacción, climatización y producción de agua caliente sanitaria) y las instalaciones de iluminación interior.
Hay que destacar, en este sector, como las instalaciones térmicas de la vivienda (calefacción y agua caliente sanitaria) representan dos terceras partes del consumo energético de la vivienda. El peso del aire acondicionado, dada su estacionalidad, no alcanza a día de hoy valores de consumo importantes, aunque contribuye a generar picos de demanda eléctrica, que contribuyen a ocasionar problemas locales en la continuidad del suministro eléctrico, en los periodos de verano en que se alcanzan las temperaturas exteriores más altas. Lógicamente, los consumos varían en función de la zona climática (el peso de la calefacción es mucho menor en las zonas cálidas y el del aire acondicionado mayor, y viceversa).
Por lo que respecta a los edificios con usos diferentes al de vivienda son los edificios de uso administrativo los que tienen un mayor peso en el consumo de energía del sector terciario, seguido por los edificios destinados al comercio, los restaurantes y alojamientos, edificios sanitarios y educativos.
Casi el 90% del total del consumo de energía del sector terciario se emplea en refrigeración, calefacción e iluminación, repartiéndose la carga casi equitativamente.
Los ámbitos residencial y doméstico tienen una característica común, con independencia de la intensidad energética del sector, su intensidad eléctrica en ambos casos es elevada. En un clima cálido las viviendas no suelen disponer de instalaciones fijas de calefacción (individual o colectiva), empleándose en muchos casos radiadores eléctricos, lo que hace que el consumo eléctrico en calefacción sea significativo.
El sector terciario presenta una mayor demanda de energía eléctrica que el residencial. También aquí la climatología juega un papel importante. En un país frío se centraría la demanda en la calefacción (cubierta con instalaciones centralizadas de combustibles).
Sector Servicios Públicos
El Sector Servicios Públicos está compuesto, dentro del contexto energético, por las instalaciones de alumbrado público y de suministro de agua a la población, entendiendo por alumbrado público las instalaciones de iluminación de carreteras, viales y calles, y el alumbrado ornamental; y por suministro de agua las instalaciones de potabilización y abastecimiento a los municipios y las de depuración de sus aguas residuales.

Tipos de auditorías energéticas.
El término Auditoría Energética es comúnmente utilizado para describir un amplio espectro de estudios energéticos que van desde un rápido paseo a través de un proceso para identificar los principales problemas a un análisis exhaustivo de las implicaciones de otras medidas de eficiencia energética suficientes para satisfacer los criterios financieros solicitados por los inversores.
A la hora de desarrollar una Auditoría Energética se han de plantear algunas cuestiones previas:
  • ¿Qué resultados se quieren obtener?
  • ¿Qué datos y soporte se requieren?
  • ¿Qué nivel de profundidad se requiere?
  • ¿Se focaliza en “instalaciones” o en “consumos”?
  • ¿Qué tipos de energía se incluyen?
  • ¿Cuál es el presupuesto disponible?

Una vez claras estas premisas, se podrá escoger de entre los programas posibles el más adecuado al caso que se plantee.
Se suele distinguir entre tres programas o niveles de auditoría.


Auditoría de Nivel 1
Este primer nivel también conocido como Auditoría Básica (o Preliminar, de Inspección o de Paseo) es el más simple y más rápido de los tipos de auditoría.
Consta de tomas de contacto con el personal de operación, una recopilación de facturas de servicios públicos y de otros datos de proceso, y un paseo de inspección de la instalación para familiarizarse con la misma y con el proceso para identificar cualquier zona de ineficiencia o de desperdicio de energía.
Este tipo de auditoría sólo revela las principales áreas problemáticas. Las medidas correctivas son genéricas y se describen brevemente, y se da una rápida estimación de costos, del potencial de ahorro de costes de explotación y de períodos de amortización.
Este nivel de detalle, si bien no justifica una decisión estratégica de implementación de medidas concretas, es suficiente para dar prioridades a proyectos de eficiencia energética y para determinar la necesidad de una auditoría más detallada.

Auditoría de Nivel 2
También conocida como Auditoría General, y en menor medida Mini-Auditoría, Auditoría Energética de Emplazamiento o de Emplazamiento Completo, se expande a partir del nivel anterior mediante una recopilación más detallada de información sobre la instalación y el proceso y la evaluación más profunda de las medidas de conservación energética.
Se hace una recopilación histórica de varios ejercicios de las facturas de servicios públicos (de 12 a 36 meses) que permita al auditor evaluar las tasas de demanda de suministro energético de las instalaciones y los perfiles de consumo. Estos datos de perfil energético pueden estar disponibles en las empresas que almacenen los históricos de consumo de los equipos (si cuentan con sistemas de control/gestión) o se pueden obtener por medida directa del auditor. Estas fuentes de conocimiento no son excluyentes y se complementan permitiendo analizar y evidenciar los signos de derroche energético. No se debe obviar la importancia que puede tener en el proceso de análisis las mediciones y tomas de datos de cualquier instalación, tramo del proceso o equipo que el auditor, a su juicio, estime oportuna para identificar mejor un punto crítico en el consumo de energía.
En este nivel se llevan a cabo entrevistas en profundidad con el personal de operación y proceso de las instalaciones para proporcionar una mejor comprensión de los principales consumidores de energía y sistemas a fin de conocer a corto y largo plazo los patrones de consumo de energía.
Este tipo de auditoría permite identificar todas las medidas de ahorro de energía adecuadas para una instalación, a partir de sus parámetros operativos. Además, se puede confeccionar un análisis financiero detallado para cada una de las medidas, basado en una estimación de costos detallada, el ahorro de costos de explotación, y los criterios de inversión del cliente. El nivel de detalle alcanzado es suficiente para justificar la ejecución del proyecto.

Auditoría de Nivel 3
En este nivel, la Auditoría Energética analiza en detalle proyectos que incluyen modificaciones que representan considerables inversiones para la empresa. Esta auditoría, conocida por algunos autores como Auditoría de Grado de Inversión, supone en la mayoría de las empresas que los ajustes o actualizaciones que se plantean a una instalación energética deben competir por la financiación con capital no relacionados con las inversiones en energía.
Tanto la energía consumida como la energía a ahorrar deben ser evaluadas con un criterio financiero y para esto, en los proyectos de mejoramiento y eficiencia energética, se utiliza la tasa de retorno de la inversión (TRI) para evaluar la conveniencia de la inversión.
El ahorro de funcionamiento de la aplicación proyectado en los proyectos de esta índole debe desarrollarse de tal manera que proporcione un alto nivel de confianza. De hecho, los inversores a menudo demandan un ahorro garantizado.
La Auditoría de Grado de Inversión (llamada también Auditoría de Análisis Técnico, Extensa, Detallada o Maxi-Auditoría) se expande sobre la Auditoría General que se ha descrito en el nivel anterior por medio de la implementación de un modelo dinámico de uso de la energía tanto en las instalaciones existentes como en las medidas de ahorro identificadas.
El modelo construido se contrasta con los datos actuales de la instalación a fin de obtener una base realista que permita calcular el ahorro de las medidas propuestas en el proceso. Se debe prestar especial atención a la comprensión de no sólo las características de funcionamiento de todos los sistemas que consumen energía, sino también a cualesquiera eventualidades que causen variaciones en los perfiles de carga a corto y largo plazo, ya sean diarias, semanales, mensuales complementar con las de los principales consumidores de energía y el de monitoreo de las características del proceso.

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