“La energía es la capacidad de la materia para realizar un trabajo y producir cambios en ella o en otros cuerpos.”
La aplicación de eficiencia energética representa la solución adecuada para optimizar el uso de energía sin reducir la calidad de vida, ni impactar en los niveles de desarrollo alcanzados.
Para comprender el significado y diferenciarlo del “ahorro de energía”, que implica dejar de consumir una parte de la energía utilizada actualmente, se entiende a la práctica de eficiencia energética como el mecanismo para “hacer más con la misma energía” o “hacer lo mismo con menor energía”, como consecuencia de una mayor productividad de cada unidad de energía consumida.
“Para definir en términos sencillos el concepto de eficiencia energética, podemos entenderlo como la optimización de la relación entre la cantidad de energía consumida y los resultados obtenidos, mediante la práctica o mejora en los procesos de utilización de dicha energía, manteniendo o mejorando los estándares de vida del entorno de aplicación.”
El Decreto N° 140/07 (Programa Nacional de Uso Racional y Eficiente de la Energía – PRONUREE), que establece el marco de trabajo de eficiencia energética en Argentina refiere el tema a la “adecuación de los sistemas de producción, transporte, distribución, almacenamiento y consumo de energía, destinada a lograr el mayor desarrollo sostenible con los medios tecnológicos al alcance, minimizando el impacto sobre el ambiente, optimizando la conservación de la energía y la reducción de los costos”
Las fuentes de energía se clasifican en fuentes primarias y fuentes secundarias. Una fuente de energía primaria consiste en toda aquella forma de energía que se encuentra disponible en la naturaleza y es factible de ser convertida o transformada con la capacidad de infraestructura disponible en el entorno.
Se trata de la energía contenida tanto en los recursos no renovables fósiles y minerales (petróleo, gas, carbón, energía nuclear) como en los recursos renovables.
En los casos en que dicha forma de energía no es utilizable directamente, la misma puede ser transformada en una fuente de energía secundaria (electricidad, calor, combustibles, etcétera), con el fin de facilitar su transporte y almacenamiento hasta alcanzar su destino de consumo como energía final en cada uno de los sectores y aplicaciones de la industria energética. Es por esto que en el mercado energético conceptualmente nos referimos a producción o suministro de energía primaria; trasformación, transporte o almacenamiento de energía secundaria; y consumo o uso final de la energía para diferentes fines como iluminación, acondicionamiento de espacios, procesos industriales, transporte.
A modo comparativo, para la conversión de unidades se emplea la siguiente relación:
- 1 MTep = 41.855.000 GJ (Giga-Joule)= 11.630 GWh (Giga-Watt-hora)
- 1 MTep = 1.000.000 Tep 1 EJ (Exa-Joule) = 1.000.000.000 GJ
- 1 TWh (Tera-Watt-hr) = 1.000 GWh = 1.000.000 MWh (Mega-Watt-hora)
Durante los últimos años, la producción mundial de energía primaria se ha incrementado en más del doble, evidenciándose una participación muy significativa por parte de las fuentes convencionales de carbón, petróleo y gas.
Estas tres fuentes son las que actualmente predominan el mercado mundial de la energía y aún lo continuarán haciendo por los próximos años. Sin embargo, la tendencia mundial que marcan las políticas de estado de varios países, y principalmente de organismos internacionales, demuestra que se están orientando todos los objetivos hacia un cambio en materia de producción energética y principalmente hacia la reducción de la demanda. En este último objetivo es en el que la eficiencia energética juega un papel crucial. La razón de estos cambios en políticas internacionales se basa en la conciencia del cuidado medioambiental y el cambio climático.
A causa de los efectos nocivos en el medioambiente que provocan las altas emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), se está evidenciando un incremento gradual del calentamiento global repercutiendo en innumerables problemáticas ambientales. El sector energético representa casi las dos terceras partes de las emisiones de dichos GEI y es clave para la comunidad mundial lograr mitigar de la manera más efectiva dichas emisiones.
Algunas naciones vienen desarrollando, hace ya varios años, políticas de incentivos para el despliegue de tecnologías de Energías Renovables como razón estratégica para reducir la dependencia de recursos fósiles como el petróleo y gas. La Unión Europea (UE) es una de las comunidades que viene desarrollando políticas para fomentar el despliegue de tecnologías para la producción de energía renovable: eólica, solar, hidráulica y biomasa, entre otras, para la generación de energía eléctrica; etanol y biodiesel, para el sector transporte; y solar y biomasa para el sector térmico. Por otro lado, la UE a su vez fomenta a través de sus políticas, la introducción de medidas y objetivos de eficiencia energética a fin de complementar dicha contribución.
“Los principales instrumentos de las políticas de estado para el cuidado del medioambiente vienen dados por: la eficiencia energética, que contribuye a la reducción de la demanda de la energía y las energías renovables (ER), como fuentes limpias para la producción de energía.”
La matriz energética mundial en el presente muestra que la composición es predominantemente fósil, en torno al 55% agrupando petróleo y gas y un 30% carbón, con un incremento leve en la producción de fuentes renovables y nuclear, cuya contribución gira en torno al 10%, pero que se posiciona en una tendencia creciente en respuesta a las políticas mencionadas con anterioridad y marcando el inicio de una nueva transición en la matriz energética futura.
“Algunas naciones vienen desarrollando, hace ya varios años, políticas de incentivos para el despliegue de tecnologías de ER y eficiencia energética como razón estratégica para reducir la dependencia de recursos fósiles como el petróleo y gas.”
La problemática del Cambio Climático es un motor que incentiva esta conducción, pero no es lo principal. Reducir el consumo y dependencia de fuentes fósiles, la seguridad energética y el suministro a cada rincón de la sociedad son otros de los vectores que impulsan esta iniciativa. Pero antes de alcanzar resultados se deberá trabajar mucho desde todos los eslabones de la sociedad, tanto a nivel político, como a nivel civil.
Cambio Climático
Una de las razones principales que viene alentando el cambio de paradigma y la transición energética hacia una matriz sustentable y más limpia, en donde los sistemas de conversión empleados sean en base a tecnologías de avanzada en bajas emisiones de carbono, es la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que impactan nocivamente en el medioambiente y el consecuente calentamiento global del planeta. La alta concentración atmosférica de GEI (cuantificados equivalentemente en PPM de CO2) y su incremento año a año está provocando el aumento gradual del cambio de temperatura como consecuencia del calentamiento global
A raíz de esto, recientemente, en 2015, gran parte de los países se han reunido en la XXI Conferencia de Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) para firmar el “Acuerdo de Paris” que fijó como objetivo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a fin de mantener el incremento de temperatura global promedio por debajo de 2 grados C hacia el año 2100. Su aplicabilidad será desde el año 2020, cuando finalice la vigencia del Protocolo de Kioto.
La medida principal a fin de mitigar emisiones de Gases de efecto invernadero es la Eficiencia Energética.
En segundo lugar se encuentran las energías renovables, ambas como piezas claves en el nuevo panorama energético mundial (sobre todo porque más de dos tercios de las emisiones mundiales de GEI se deben al sector de la energía).
“De acuerdo a la Agencia Internacional de la Energía (IEA), se deben aumentar las inversiones en Eficiencia Energética e incrementar el consumo total de energía renovable a fin de que hacia el año 2030 la primera aporte un 49% y la segunda fuente un 17% en reducción de emisiones.
La Eficiencia Energética, las energías renovables y el transporte eléctrico jugarán un papel clave en el cumplimiento de estos objetivos. El objetivo de limitar el calentamiento global por debajo de 2°C tomando como base los niveles de temperatura de la época preindustrial necesitará del compromiso de todos los gobiernos a nivel mundial adoptando medidas y políticas que aceleren y aseguren las contribuciones para reducir las emisiones en todos los sectores involucrados. Sin embargo, la ambición de las 161 metas presentadas por cada nación (NDC) intentará concretar resultados por arriba de la meta buscada (cerca de los 3°C).
“La Argentina fijó como contribución al COP21 dos metas: una incondicional de 15% de reducción de emisiones y otra condicional del 30% de reducción sobre escenario business as usual BAU (base 2005 al 2030).”
De esta forma, si bien el sector de energías renovables representará una de las áreas claves en la elaboración de medidas y políticas para lograr alcanzar los objetivos fijados por el país en materia de cambio climático, la Eficiencia Energética a su vez representa un gran potencial que aún no puede ser cuantificado en nuestro país.
La creación del Ministerio de Energía y Minería por el gobierno ha jerarquizado el asunto energético en la medida que era requerido para dar tratamiento a una temática que cada vez más cobraba importancia estratégica a nivel nacional.
Dentro de la órbita del mismo Ministerio se ha creado la Subsecretaría de Ahorro y Eficiencia Energética, dependiendo de la Secretaría de Planeamiento Energético, a fin de atender los asuntos relativos a la formulación de políticas que fomenten la contribución mediante prácticas de Eficiencia Energética.
Queda mucho trabajo por delante, en especial a fin de diagnosticar y cuantificar dicho potencial y luego con el propósito de alcanzar resultados.
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