jueves, 9 de mayo de 2019

Historia de la Energía Eólica


La energía eólica es la energía renovable más madura y desarrollada. Genera electricidad a través de la fuerza del viento, mediante la utilización de la energía cinética producida por efecto de las corrientes de aire. Se trata de una fuente de energía limpia e inagotable, que reduce la emisión de gases de efecto invernadero y preserva el medioambiente.
La energía eólica ha sido aprovechada desde la antigüedad para mover los barcos impulsados por velas o hacer funcionar la maquinaria de molinos al mover sus aspas. A diferencia de los molinos, estos equipos se caracterizan por tener pocas palas porque de esta manera alcanzan a desarrollar una mayor eficiencia de transformación de la energía primaria contenida en el viento. Si bien existen algunos de una sola pala, los de dos o tres son lo más utilizados.
Desde principios del siglo XX, se produce energía a través de los aerogeneradores. Sinteticamente un aerogenerador está conformado por dos elementos principales: un rotor compuesto por un eje y la o las palas que es accionado por el viento, y un generador que se mueve por arrastre del rotor y produce energía eléctrica.


Los aerogeneradores suelen agruparse en concentraciones denominadas parques eólicos con el fin de lograr un mejor aprovechamiento de la energía, lo que reduce su impacto ambiental.
Los aerogeneradores de eje vertical tienen la ventaja de no necesitar orientarse respecto a la dirección de donde sopla el viento, porque cualquiera sea ella, acciona en la misma forma sobre su rotor. Además, los equipos de generación y control se ubican al pie de la estructura simplificando de esta manera el acceso a los mismos y abaratando por consiguiente el mantenimiento. También ofrecen una robustez y resistencia destacable para ser utilizados en zonas de vientos arranchados y de direcciones cambiarias. Como principal elemento desfavorable se puede mencionar que la eficiencia de conversión energética es algo menor que la de los del otro tipo.

Un poco de historia.
A través de grabados pertenecientes a civilizaciones muy antiguas, se ha podido comprobar que el aprovechamiento del viento con fines energéticos se remonta a por lo menos 3.000 años antes de la era cristiana, habiendo sido utilizado en aquellos tiempos principalmente para la navegación. Diferentes pueblos, desde los egipcios pasando por los Fenicios, Romanos y muchos otros utilizaron esta forma de impulsión.

Persia, Irak, Egipto y China disponían muchos siglos antes de Cristo, de máquinas eólicas. Se trataban de 
primitivas máquinas de rotor vertical con varias palas de madera o caña.

 Los datos más antiguos de artefactos que aprovechaban el viento para otro tipo de actividades (por ej. molienda de granos) aparecen en Persia, alrededor de los años 200 antes de Cristo. Se cree que en siglo XIII esas máquinas fueron introducidas en Europa por quienes retornaban de las cruzadas.
Durante el transcurso de la edad Media se amplió la gama de usos empleándoselas para mover la maquinarias de nacientes industrias como la textil, maderera, metalúrgica. Estos primeros molinos eran muy rudimentarios, basando su diseño en la rotación un eje colocado en forma vertical. Los holandeses modificaron esa tecnología y a partir del año 1.350 comenzaron a utilizarse máquinas de eje horizontal y de cuatro palas.
  
A partir de entonces se los empezó a utilizar para aserraderos, para la fabricación de papel, para extraer aceites, molinos harineros.

 
Interior de un molino aserradero
El desarrollo pionero de la energía eólica en Europa tuvo lugar en Dinamarca, donde cobró gran relevancia durante el primer cuarto del siglo XX, en el año 1910 Dinamarca tenía instalada una potencia eólica de 200 KW. 

El científico danés Poul la Cour, descubrió que las turbinas eólicas con pocas palas son más eficientes que las de palas múltiples, ya que en las primeras se logra una velocidad de rotación mucho mayor que en las del tipo construido por Brush en 1887, diseño lo que puede calificarse como el primer generador eólico moderno.

Pocos años después, en los años 20, ya se empiezan a aplicar a los rotores eólicos los perfiles aerodinámicos que se habían diseñado para las alas y hélices de los aviones. En 1927, el holandés A.J. Dekker construye el primer rotor provisto de palas con sección aerodinámica, capaz de alcanzar velocidades en punta de pala, cuatro o cinco veces superiores la del viento incidente. Sin embargo, esto nuevos rotores debían funcionar con elevadas velocidades de rotación para conseguir un buen rendimiento, pero también se demostró que cuanto mayor era la velocidad de rotación menor importancia tenía el número de palas. 
Desde la década del 30 y hasta comienzos de la del 50 en Europa se popularizaron máquinas de pequeño porte (hasta unos 3kW) en el medio rural, donde todavía no existía un sistema de electrificación por redes que cubriera amplias zonas.
También se constituyeron equipos de gran tamaño. Por ejemplo, durante la segunda guerra mundial funcionó en EEUU una turbina de 1.250 Kw de potencia. Desde 1958 hasta 1966 se constituyeron y operaron en Francia, EEUU y Dinamarca, varias máquinas de potencia superior a 1.000 Kw. Sin embargo, todas estas experiencias terminaron en verdaderos fracasos porque se enfrentaron con problemas tecnológicos que en ese entonces resultaban prácticamente insolubles, hecho que provocó que quienes debían tomar decisiones políticas sobre su utilización no creyeran en cuanto al futuro de esta tecnología como oferta energética válida.

Dinamarca construyó en 1957 el "Gedser Mill", hélice de tres palas de 24 metros de diámetro. 
Producía 200 kW con una velocidad del viento en el eje de la máquina de 15 m/s.

Por otra parte, el precio excesivamente bajo de los combustibles hacía muy difícil si no imposible la competencia de cualquier tipo de equipo conversor de energía eólica contra un generador térmico.
La crisis energética de los años 70, que ocasionó un abrupto encarecimiento del petróleo, y por consecuencia de sus derivados, provocó que aquellos países que tenían una importante dependencia de la importación de esos productos para la satisfacción de sus necesidades energéticas, buscaran soluciones alternativas a los grandes desequilibrios económicos que esta situación les creaba. Es así como empezó a pensar seriamente en lo que dio en llamarse ahorro o conservación de energía (uso racional y eficiencia energética) y al mismo tiempo se comenzó a replantear el tema de la utilización de las energías no convencionales, apareciendo entonces la energía eólica, desde el punto de vista económico, como una fuente más competitiva para la producción de electricidad. Esta situación incentivó la realización de nuevos estudios que llevaron a una importante mejora de las tecnologías de aprovechamiento, logrando equipos conversores de energía eléctrica cada vez más confiables y potentes. 
  

La máquina Bonus 30 kW, fabricada desde 1980, ejemplo de uno de los primeros modelos de los fabricantes actuales.

Estos avances permitieron que el número de aerogeneradores instalados a finales de 1991 fuera superior a los 21.000, según datos de la Agencia Internacional de la Energía, con un total de potencia de 2.200 MW, equivalente a dos centrales nucleares de gran potencia, y de los cuales la mitad estaban instalados en los parques eólicos de California.
En cuanto al tipo de máquinas de mayor interés, los resultados obtenidos de las numerosas experiencias realizadas permitieron concretar el campo de trabajo en dos modelos: las turbinas de eje horizontal de dos o tres palas y, en menor medida, las turbinas Darrieux de eje vertical.
     
 Turbinas Darrieux de eje vertical

Turbinas de eje horizontal de dos o tres palas    

Las potencias medias de los aerogeneradores instalados entre 1990 y 1991 era de 225 kW; en los últimos años se han podido construir aerogeneradores con potencias mayores, que aumentan la fiabilidad de las máquinas y reducen sus costos.
Hoy en día es destacable la explotación que efectúan países como Estados Unidos, Dinamarca, Alemania, Holanda, España, India y China entre muchos otros.

Primera turbina eólica de la historia
Charles Francis Brush, nació en Euclid Township, Ohio, es uno de los pioneros en la industria eléctrica americana. Este ingeniero inventó la que se piensa es la primera turbina eólica de funcionamiento automático para generación de electricidad de la historia. Fue en el invierno de 1887 cuando Charles la construyó. Era gigantesca, en la foto podemos ver a una persona diminuta a su derecha.

 Molino gigante multipala de Brush instalado en Cleveland, Ohio

El diámetro de rotor era de 17 metros y tenía 144 palas fabricadas en madera de cedro. Funcionó durante 20 años y cargaba las baterías que Charles tenía en el sótano de su mansión. La potencia que podía generar, seguramente muchísima para la época, pero ridícula en la actualidad, era de 12 Kw.
Entre otros también inventó por ejemplo una dinamo muy eficiente de corriente continua utilizada en la red eléctrica pública, la primera luz de arco eléctrico comercial, así como un eficiente método para la fabricación de baterías de plomo-ácido.
Como vemos el interés del ser humano por las energías renovables no es nuevo, se podría considerar que los combustibles fósiles robaron un futuro prometedor a estas tecnologías años atrás. Pero parece que la historia tenía una cuenta pendiente, y ahora por obligación y necesidad, las tecnologías de generación energética verde vuelven a ser nuestro futuro.


Ventajas y desventajas
Los beneficios del uso de este tipo de energía sustentable son muchos. En principio, el viento es una fuente inagotable que está disponible en cantidad en muchos lugares del mundo. Por otra parte, un parque eólico ocupa poco espacio en comparación con otras plantas, como las de energía fotovoltaica. Además, el área puede restaurarse fácilmente en caso de que quiera revertirse la construcción. Esta energía es limpia, con bajo impacto ambiental; no contamina ni produce gases tóxicos. Por último, el costo es relativamente bajo.
Las dificultades que se pueden encontrar a la hora de trabajar con este sistema, son las que dan las condiciones climáticas. El viento puede ser impredecible en algunas regiones. Algunos cuestionan el impacto que los aerogeneradores pueden generar en el paisaje, y otros aseguran que los parques pueden alterar negativamente a la fauna local, especialmente a las aves, que se pueden chocar a la noche con las aspas, los parques eólicos marinos también afectan a las poblaciones de peces de la región. Sin embargo, estas desventajas son menores en comparación con el impacto ambiental que presenta el uso de energías tradicionales.

Las turbinas funcionan de manera contraria a un ventilador. Este usa la electricidad para hacer viento, mientras que el aerogenerador usa el viento para hacer electricidad. Gracias a su mecanismo, la energía mecánica de la rotación se convierte en energía eléctrica.

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