lunes, 20 de mayo de 2019

Arquitectura vernácula en el Valle Calchaquí

Los Valles Calchaquíes son un sistema de valles y montañas que por 520 km se extienden por el norte desde la Poma (Salta) al sur Punta de Balasto (Catamarca) al oeste (las sierras de Quilmes o del Cajón) y al Este la cadena montañosa de San Francisco y sierras del Aconquija.
El circuito nos devela una sucesión de pequeños poblados autóctonos y viviendas aisladas que se esfuman en el paisaje.
En los valles hay depósitos de arenas, aluviones y arcillas, mientras que en los cauces de los ríos abundan las grabas y los cantos rodados. Todos estos materiales fueron, desde épocas muy tempranas, utilizados para la construcción, destacando especialmente la arquitectura de tierra, de la que trataremos adelante.


Es una vasta depresión tectónica de casi 30.000 m² que se extiende por gran parte de las provincias de Salta, Tucumán y Catamarca, en el noroeste argentino, que conecta las tierras altas de la puna
y del altiplano, con los valles más bajos y húmedos situados hacia el sur y este. Se trata de un valle encajonado desde sus nacientes en el Nevado de Acay a 5,000 msnm hasta San Carlos, ensanchándose hasta un máximo de 10 km en el Mollar, frente a Cafayate, donde el río Calchaqui confluye con el de Santa María a 1,680 msnm.
El Valle Calchaquí es una de las mejores zonas de cultivo de uvas blancas siendo la más destacada la uva Torrontés, tipo de uva que según estudios genéticos es resultado de la cruza de las variedades Moscatel de Alejandría y Listan Prieto. Del Moscatel hereda su típicos aromas terpénicos a azahares, rosas y miel. Hacia fines del siglo XIX, las mejores bodegas eran La Perseverancia de don Wenceslao Plaza y la de don Salvador Michel en Animaná, la de don Amadeo Vélez en Angastaco, la de López Hermanos en San Felipe, y La Angostura que primero fue de don Indalecio Gómez y luego de don Juan Uriburu. Don José Antonio Chavarría con la bodega La Rosa, y El Recreo de Peñalva Hermanos, en Cafayate, dirigida por don José Tomás de Peñalva Frías.
El coronel Wenceslao Plaza, introdujo en los Valles Calchaquíes desde Chile las primeras vides francesas en 1886, entre otras, la variedad tinta Malbec, cultivadas en su establecimiento La Perseverancia, en Animaná; es decir, que inició la plantación de viñedos de uvas finas que hicieron cambiar la vieja industria vitivinícola.
Así, pues, el progreso llegó de la mano de estos pioneros, y la elaboración del vino en Salta, a principios del siglo XX, ya era considerada como la industria de mayor importancia. En la actualidad estos valles producen gran cantidad de vino torrontés de excelente calidad, destacándose también los vinos de Malbec, Cabernet Sauvignon y Tannat.

El paisaje montañoso de la región está dominado por el Nevado de Cachi, que con sus 6,390 msnm, es la máxima elevación que flanquea el valle, mientras el principal drenaje lo constituye el río Calchaquí que discurre por la principal cuenca.

El río Calchaquí nace en el Nevado de Acay, numerosos ríos de caudal variable alimentan sus cauce, al introducirse en La Quebrada de Guachipas se convierte en el río de las Conchas hasta desembocar y dar vida al dique General Belgrano, más conocido como dique Cabra Corral. Luego de 3000 kilómetros, desemboca en el Río de la Plata.

El recorrido realizado por los Valles Calchaquíes, parte de San Miguel de Tucumán por ruta nacional nº 38 hasta Acheral donde toma la ruta provincial nº 307 para comenzar el ascenso.
Se llega a Tafí del Valle, Ampimpa, Amaicha del Valle y Los Zazos, se continúa por la RP Nº 357 hasta las ruinas de Quilmes donde empalma con la RN Nº 40, pasando por Colalao del Valle. La misma ruta en Salta es la RN Nº 68.
En Salta aparecen numerosos poblados como Tolombón y Cafayate, desde donde se bifurca el camino. Por un lado continúa la RN Nº 68 con el abrumador paisaje de la Quebrada de las Conchas, salpicado de pequeños poblados perdidos como Las Curtiembres, Alemania, Talapampa y La Viña hasta la ciudad de Salta. Por el otro lado, se recorre un camino consolidado (RN Nº 40) donde las viviendas aisladas y pequeños poblados aparecen asombrosamente en medio de la nada y parecen ser dueños de un tiempo propio que les permite mantener intactas las tradiciones populares: Animaná, San Carlos, Angastaco, Molinos, Seclantás, La Paya, Cachi y Payogasta.
El inhóspito Parque Nacional Los Cardones acompaña en el camino hasta Chicoana y Coronel Moldes sobre la RN Nº 68.
Se sigue por la RP Nº 47 hasta el Dique Cabra Corral desde donde, por un serpenteante camino no consolidado (huella), se llega a Metan donde se toma la RN Nº 9 de regreso a San Miguel de Tucumán.


Cada poblado muestra orgullosamente su origen y ofrece lo autóctono sin vergüenzas fundadas.
Desde San Carlos-Salta, los pueblos demuestran mayor arraigo a las tradiciones, las maneras de vivir en comunidad, las costumbres familiares, las comidas autóctonas, la producción regional, las formas, materiales y técnicas de construcción de las viviendas que se mimetizan con el entorno.


Fue un pueblo importante hasta el siglo XIX, pero hoy es un caserío de agricultura que cultiva las tierras inmediatas. Se encuentra a 15 km de Cachi; en el camino pueden apreciarse los cultivos y los secados de pimentón. En el corazón de los Valles Calchaquíes, rodeada de cerros y con el imponente Nevado de Cachi con gran dominante del paisaje, Payogasta no es un lugar simplemente de paso. Sus arroyos de agua cristalina, recorren amplios sectores donde los secaderos de pimiento y las sierras pre andinas conforman un paisaje de gran belleza.


Uno de los atractivos más sobresalientes son sus secaderos de pimiento ubicados en las fincas cercanas e incluso en medio del mismo pueblo. Toneladas de pimiento secándose al sol y así transformarse en el famoso y siempre colorido pimentón.

Fue un antiguo asentamiento indígena. Payogasta es un pueblo tranquilo con sus calles angostas de tierra (ahora con algunas de adoquines) y algunas construcciones de adobe que son mudo testigo del paso del siglo. Su nombre deriva del quechua “payo”: blanco, “gasta”: pueblo, es decir “pueblo blanco”.


La Ruta 40 cruza por el medio de Payogasta convirtiéndose en una calle angosta del pueblo.

La localidad, rodeada por cultivo de pimiento para pimentón, conserva parte de la arquitectura colonial. La altura sobre el nivel del mar es de 2410 m. Su iglesia se caracteriza por encontrarse a la vera de la ruta. En su interior se hallan sepultados los restos del coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos, guerrero de las luchas por la independencia, que combatiera como oficial del general Güemes.


Los pobladores de Payogasta son pequeños agricultores de pimiento, haba, arveja y maíz, y pastoreo de cabras y ovejas. Sus valores y costumbres permanecen intactos a través de siglos.

La temporada de lluvia es cómoda, la temporada seca es fresca y ventosa y es mayormente despejado durante todo el año. Durante el transcurso del año, la temperatura generalmente varía de -2 °C a 23 °C y rara vez baja a menos de -7 °C o sube a más de 27 °C.
La temporada templada dura 4,9 meses, del 10 de octubre al 7 de marzo, y la temperatura máxima promedio diaria es más de 21 °C. El día más caluroso del año es el 17 de diciembre, con una temperatura máxima promedio de 23 °C y una temperatura mínima promedio de 9 °C. La temporada fría dura 2,7 meses, del 12 de mayo al 4 de agosto, y la temperatura máxima promedio diaria es menos de 16 °C. El día más frío del año es el 13 de julio, con una temperatura mínima promedio de -2 °C y máxima promedio de 15 °C.
La figura siguiente muestra una ilustración compacta de las temperaturas promedio por hora de todo el año. El eje horizontal es el día del año, el eje vertical es la hora y el color es la temperatura promedio para ese día y a esa hora.
Temperatura promedio por hora

La temporada de lluvia dura 6 meses, del 2 de octubre al 7 de mayo, con un intervalo móvil de 31 días de lluvia de por lo menos 13 milímetros. La mayoría de la lluvia cae durante diciembre, enero y febrero con una acumulación total promedio de casi 150 milímetros. El periodo del año sin lluvia dura 6 meses, de mayo a octubre, con una acumulación total 10 milímetros.
La duración del día en Payogasta varía durante el año. En 2019, el día más corto es el 21 de junio, con 10 horas y 34 minutos de luz natural; el día más largo es el 22 de diciembre, con 13 horas y 42 minutos de luz natural. La salida del sol más temprana es a las 6:26 el 1 de diciembre, y la salida del sol más tardía es 1 hora y 44 minutos más tarde a las 8:10 el 3 de julio. La puesta del sol más temprana es a las 18:42 el 8 de junio, y la puesta del sol más tardía es 1 hora y 38 minutos más tarde a las 20:19 el 12 de enero.
La parte más ventosa del año dura 4,7 meses, del 15 de mayo al 6 de octubre, con velocidades promedio del viento de más de 13,5 kilómetros por hora. El día más ventoso del año en el 3 de julio, con una velocidad promedio del viento de 17,9 kilómetros por hora. El tiempo más calmado del año dura 7,3 meses, del 6 de octubre al 15 de mayo. El día más calmado del año es el 21 de marzo, con una velocidad promedio del viento de 9,0 kilómetros por hora


Enero
Febrero
Marzo
Abril
Mayo
Junio
​​Julio
Agosto
Septiembre
Octubre
Noviembre
Diciembre
Temp. media (°C)
17.5
16.8
15.8
12.5
9.9
7.3
7.2
9.2
12.2
14.2
16.2
17.4
Temp. min. (°C)
10.8
10.5
9.3
5.5
2.1
-0.8
-1.3
0.3
3.5
6.4
8.8
10.3
Temp. máx. (°C)
24.2
23.1
22.3
19.6
17.7
15.5
15.7
18.2
20.9
22.1
23.7
24.5
Precipitación (mm)
56
46
24
2
0
1
0
2
2
6
13
43
Tabla de promedios mensuales de temperatura media, máximas y mínimas, y precipitaciones.

La vegetación predominante es una mezcla de elementos chaqueños y andinos, donde la altitud no pasa los 2000 msnm. Los elementos chaqueños disminuyen en número y tamaño en relación con la altitud; al norte predominan los elementos xerófilos. En general está compuesto por bosques y estelas de arbustos. La vegetación más representativa son los cardones, churquis, algarrobos, amancay, pastizales de altura y la jarilla.

Churqui o quiscataco de flores amarillas con bellotas

Cardones

 El árbol tipo es el algarrobo blanco y negro, los alisos, arcas, molles en sus dos variedades, sauces criollos, tala, tusca y chañar que forma chañarales entre la zona donde los suelos son menos exigentes. Entre los arbustos típicos está el churqui o quiscataco de flores amarillas con bellotas. Las semillas contenidas en una cápsula abultada recibe el nombre de “cholonga” y es sustento de cabras u ovejas; la brea de tronco verde brillante y de grandes aguijones que se utilizan para cercos, y el poleo utilizado en cestería. En las laderas rocosas crecen diferentes clases de cardones, unas veces aislados o en agrupaciones como la variedad candelabro, de tipo arborescente que se utiliza como combustible y en las construcciones de techos, pisos y también muebles y adornos. Por encima de los 2000 m. crece la variedad llamada pasacana de flores rojas y blancas; otra variedad rastrera son los iros, crece el ucle, el quiscaloro, el llamado cabeza de viejo, y el cardoncito blanco.

   Algarrobo blanco

Cardoncito blanco


La zoogeografía de esta zona es el denominado Subdistrito Jujeño-Tucumano. La fauna original está compuesta por ovejas, llamas, guanacos, tarucas o venados pequeños; pumas, zorros, felinos monteses, comadrejas, mayuatos, vizcachas, cóndores, águilas, loros, palomas, pájaros carpinteros y otras rapaces.
El zorro que ataca los gallineros; el lobo de la familia de los mayuatos, muy dañino. En los maizales; el zorrino castaño; el hurón mayor y menor, variedad de gatos montés. De tamaño más pequeño, la comadreja overa y la comadreja enana y la comadrejita de la puna que baja en invierno.
   
Condor

Guanaco

Los murciélagos están representados por unas 8 variedades. Las aves grandes incapaces de volar están representadas por el ñandú, ya más escaso, la perdiz montaraz o yuta, gris manchada de negro y blanco, corre mucho y vuela poco. El guaypo overo con alas rojizas, la perdiz de la sierra, los maca son los mismos del distrito salteño. Hay garzas, flamencos andinos que viajan en el invierno de la puna, el cisne cuello negro, guayata, el pato silbón vientre negro, el pato del monte que vive en los árboles, el pato criollo, el ganso blanco que migra durante el invierno, el pato crestón de color pardo con cresta grande, el pato colorado de cuerpo castaño rojizo, pato overo, el pato collar y el pato tortuga de color negruzco que viaja en el invierno de la zona cordillerana.

El hábitat construido en el Noroeste Argentino es el resultado de las posibilidades que el emplazamiento brinda en cuanto a los recursos naturales útiles y las exigencias que los condicionantes climáticos y topográficos imponen.
La vivienda es el reflejo del contexto socio-cultural de un pueblo, de los usos, costumbres y del funcionamiento familiar.
Abundan los asentamientos tanto en los valles y quebradas, como en las zonas montañosas, desde pueblos extensos hasta caseríos; desde rancherías y fincas grandes, hasta viviendas aisladas. En todos es notable la presencia de la arquitectura en tierra realizada ya con tapial o bloques de adobe, con piedra volcánica y cantos rodados unidos con lodo batido, ya en combinación, lo que aunado a los diversos colores, claros, oscuros y rojizos de la propia arcilla, imprime a las construcciones un aspecto muy peculiar que se integra maravillosamente al entorno natural.
La arquitectura de tierra en los valles es atemporal, porque bien puede datar de finales del siglo XVIII, o haber sido erigida durante el XIX, o a principios del XX, o aun en tiempos más recientes, y es que los sistemas constructivos se han mantenido intactos a lo largo de los siglos, como una tradición viva, como una experiencia aprendida muy lejos, en el pasado, y heredada y transmitida por  generaciones. Aquí no se necesita de un especialista; la propia gente diseña y levanta la vivienda, el corral o cualquier otra construcción que satisfaga sus necesidades.



Las viviendas concentradas son más compactas, respetan una línea de fachada y están delimitadas entre medianeras que condicionan la organización interior. Las galerías y patios están siempre presentes en las viviendas, como un espacio intermedio de transición, con multiplicidad funcional, social, familiar, de trabajo y como elemento esencial regulador de las inclemencias climáticas. Reflejan una asimilación de la estructura y organización de los modelos espaciales y funcionales de las viviendas a patio españolas, pero también reconocen, pautas de uso heredadas de las culturas nativas.
En el Potrero de Payogasta, aún se encuentra el muro hastial de una kallanka, vasto edificio inca administrativo de dos aguas. Su sistema constructivo es precisamente una combinación de tapial y piedra consolidada con barro batido; los materiales se alternan a diferentes alturas, lo que proporciona al edificio una gran estabilidad, y sobre todo elasticidad, para ser capaz de soportar las expansiones y contracciones de los materiales provocados por los cambios extremos de clima, desde una alta temperatura en verano, hasta heladas bajo cero en el invierno.
   
La kallanka era un galerón con cubierta a dos aguas; un edificio típico inca utilizado tanto para el hospedaje de grupos de gente principal, nobles y tropas militares, como para reuniones, consejos y otros eventos de carácter político y administrativo.

Las casas que se extienden por los valles recuerdan bastante a esas edificaciones, evidentemente de esas técnicas constructivas derivaron, aunque también se enriquecieron con los propios sistemas y aportes españoles.
En una región en donde el clima suele ser extremoso, la arcilla devino en un recurso accesible, manejable, resistente y, sobre todo, térmico, de allí su gran difusión como elemento esencial para la arquitectura vernácula a lo largo y ancho de los valles.


La vivienda más sencilla consiste en una construcción rectangular dividida en dos o tres secciones, para alojar la casa propiamente dicha, la cocina y en ocasiones una bodega, el horno para pan también está construido de adobe.



Aunque abundan las construcciones exclusivamente levantadas con bloques de adobe, no es extraño encontrar segmentos de tapial o rodapiés (zócalo) de lajas, cantos o bloques de piedra volcánica, sólidamente consolidados con lodo batido, costumbre de la arquitectura incaica.


El acabado de los muros se logra con la aplicación de un aplanado de lodo, el que en ocasiones puede ir encalado e incluso pintado, aunque muchas casas carecen de recubrimiento alguno.
La técnica constructiva de las cubiertas también parece ser una continuación de las edificaciones incas o incluso anteriores. Por lo general se trata de techos de dos aguas o de una sola vertiente, construidos con vigas de madera de algarrobo (Prosopis pallida). Su alta adaptación a medios desérticos y su resistencia a la sequía y su facilidad para reproducirse, han sido factores para que sea una especie muy común en la región, y por ende un material muy utilizado desde tiempos lejanos. El tronco del árbol se utiliza como caballete o viga central, y sobre ésta se apoyan otros horcones transversales y tijeras para formar el armazón; la curvatura natural de la madera es favorable para acentuar la pendiente de la techumbre.


Sobre la estructura ya armada se coloca una cubierta de cañas o carrizo (figura 9), sobre la que a su vez se extiende una gruesa capa de barro, de entre 5 y 10 cm de espesor y que prácticamente funciona como cubierta.



También se utilizan troncos de algarrobo curvos para los dinteles y jambas, aunque para estos elementos suele igualmente utilizarse madera de cardón (Euphorbia canariensis) que además de su dureza y resistencia, imprime con su peculiar superficie horadada un singular aspecto a las casas.



Las construcciones de tierra del Valle Calchaquí son testimonio ya no sólo de la continuación de una larga tradición arquitectónica, sino también del desarrollo y transmisión de una experiencia adquirida y de una especialización en el conocimiento y manejo de los materiales.
Para la gente del Valle Calchaquí, la tierra es la vida, pues de ella depende el sustento, ya a través de faenas agrícolas, ya con el pastoreo. La tierra es también el material por excelencia para la vivienda y por extensión tenía que ser un componente importante en la muerte. Por los valles hay cementerios y tumbas aisladas que datan por lo menos de principios del siglo XIX. Como sucede con las casas, la base de las tumbas suele ser de piedra unida con barro batido y el resto, incluyendo una cabecera sobre la que se coloca la lápida, es construido con bloques de adobe. En algunas se conservan restos de un aplanado de lodo. Cruces de hierro forjado o de madera se levantan sobre algunas, otras yacen derribadas junto a los escombros de las sepulturas.


Pero así como hay casas sencillas y fincas grandes con patios y portales, también hay criptas más elaboradas. En la zona aún se encuentran en pie  los restos de lo que fue una grandiosa cripta que, a juzgar por las fechas en los epitafios de otras tumbas adyacentes, bien podría datar de mediados del siglo XIX. La construcción es un edificio de planta rectangular 6x5 m y una altura de cerca de 6 m; un zócalo de piedras remata con una cornisa moldurada. Lo más notable es que todo el monumento, la decoración y los acabados están hechos exclusivamente de tierra.



El techo era plano, con ligeras vertientes provocadas por la curvatura de las vigas de algarrobo; sobre el armazón tenía una estera de carrizo y luego la tradicional cubierta de lodo, de la que sólo queda una pequeña sección. En el interior de la cripta, recargado sobre el muro del fondo hay un altar de adobe, sobre el que se conserva una cruz de hierro.



El piso que parece haber sido también de arcilla, estaba sostenido por un armazón de vigas de madera de cardón, pues bajo el recinto se ubica un sótano en el que se resguardaban los sarcófagos de madera, recargados contra la pared y de pie.


El poblador de este ámbito mantiene en uso la forma tradicional de obtención de los materiales y producción del componente básico (adobe), aquí aún no se sufre la terrible invasión de las viviendas de tabicón gris, las que pueden ser un atentado contra la integridad del paisaje. Los muros se construyen de la manera tradicional con adobes y piedra de espesores entre 0,30 a 0,60 m.
El lugareño construye su propia vivienda u otras con su propia capacidad y saber, recreando, asimilando o imitando patrones formales y funcionales propios y heredados.
Las viviendas se construyen con los recursos disponibles, se adaptan al emplazamiento, a los requerimientos funcionales de la familia y a las condiciones climáticas. Una región agreste y difícil, desde tiempo inmemorable la tierra fue y sigue siendo el elemento por excelencia para la construcción.
El empleo del adobe en esta región, se convierte en una herramienta útil para contrarrestar el creciente déficit habitacional de los sectores de menores recursos, asegurando también la sustentabilidad de una identidad regional, de tal modo que sigue siendo una tradición muy viva.